Bailando descalzos;
mi más feliz locura
sentir que puedo volar,
la mejor cura.
Nuestros corazones
palpitando al unísono
y el vinilo dando vueltas.
No fuimos destino,
ni Arte o Poesía
porque eso, decíamos,
era ser algo más
que sentimientos a flor de piel,
café aguado
y lluvia perpetua.
Tú y yo realmente
nunca fuimos más
que versos tristes
y melodías inocentes
del que aún no sabe sentir
en cuerpo y alma.
Nos arriesgamos a caer,
girando hasta más no poder
haciendo trampas en
nuestro propio juego.
Al final acabamos a voces
con las cuerdas vocales desgastadas
y los pulmones vacíos,
asfixiados
por la enredadera de recuerdos
que nosotros creamos.
Infierno alzamos
con nuestras letras
y compás,
La melodía más triste
que se haya escrito jamás.