domingo, 13 de septiembre de 2015
Luna.
martes, 1 de septiembre de 2015
Espacios.
se me hielan los huesos de ausencia,
mi Corazón sabe al dolor de ti.
Las mariposas de mi estómago
dicen que echan de menos
tus besos taciturnos,
tus 'te quiero' molestos.
Mis costillas aúllan vacío,
la caja torácica no encierra primaveras
de arreglarme el alma mientras esperas
a que deje de sonar el vinilo
de nuestra triste historia.
Mis ojos son ahora mudos,
solo me muestran agujeros negros
de inerte desesperación.
Mi piel tirita de frío,
–es triste pero cierto–
mi ser se congela de Miedo
si mis dedos no recorren tu cuerpo.
(He intentado olvidar tu ausencia y ha sido como acariciar una rosa llena de espinas.)
Ella, estrella fugaz.
Otro día más para la estrella fugaz de manos azules y luz trémula.
Otro día más, que, sin embargo, no era como otro cualquiera.
Aquel día, ella perdió el rumbo de su órbita, y él, astro equilibrado de locura, había dejado el universo de nuestra estrella, siendo él, a pesar de todo, lo efímero de lo fugaz.
Aquel día, ella se sirvió un café, siendo consciente de que la verdadera amargura la había probado en la despedida de sus labios.
Nadie quiso como ella, nadie percibió lo que ella, nadie sintió como ella.
A pesar de ser Caos, fue amante de la vida y su Orden, sintiendo el mismísimo Big Bang cuando le contaba los lunares del cuello.
Incluso tras mil y una noches de Insomnio, deseaba poder concederle un último deseo antes de consumirse. Ella, enamorada de los atardeceres con las pupilas cargadas de anochecer, sentía lo que la Luna sintió por el Sol al contemplar el primer amanecer
lunes, 27 de julio de 2015
jueves, 16 de julio de 2015
martes, 16 de junio de 2015
Estaciones.
jueves, 11 de junio de 2015
XIII.
más allá de los límites,
enamorándose de imposibles.
Pupilas dañadas por el paso de los años,
desgastadas uñas de tristezas pasadas.
Cicatrices reabiertas sin compasión
Caos de mareas muertas,
de óleos sin color
y flores ardientes.
Luna de lobos solitarios
desgaste en clavículas
de penas cargadas
durante mil años
de sin vivir.
Trece días
de alcohol floreciendo
en las venas
de quien asesina
sus penas.
Hielo de amor frío;
distante,
imposible,
causante
del insomnio
más doloroso
y las lágrimas
más ácidas.
Besos amargos
duchas oscuras
recuerdos vívidos
de pura melancolía.
Soga de tinta
ahogaba al poeta.
Musa de sueños
adiós a sus letras.
martes, 24 de marzo de 2015
Nosotros, desde mis pupilas.
lunes, 16 de marzo de 2015
Popurrí de dolor.
sábado, 21 de febrero de 2015
Ojos que acaban en Soledad, Invierno y Recuerdos.
Sin-sentido.
jueves, 5 de febrero de 2015
Recaídas.
jueves, 29 de enero de 2015
X.
(Este personaje ha sido creado con la tinta de A (@backtoimagine), y la mía.)
Precaución ante ella y sus ojos que gritan pertenecer a otro lugar.
Precaución.
Parece no pertenecer a este mundo con sus ojos que asimilan cambiar de color a cada nuevo vistazo que les dedicas.
Sí, precaución; su pelo indica que de este mismísimo mundo no es.
Pensarás: ¿Se parece al cielo azul?
Pero no, es como el mar en los días de Tormenta,
el mar cuando parece que llora
o el mismísimo cielo
al apagarse y dejar entrada
a la Noche.
Noche, como ella cuando se desliza
por tus pensamientos,
convirtiéndose en el sueño más temido
y la pesadilla más hermosa,
haciéndote creer que algún día será tuya.
Pero X nunca tuvo dueño.
X pende de un hilo sin colgarse de
las agujas del asfixiante Tiempo que
constituye el mundo.
Pende de una cuerda atada al cielo
y pisa este mundo procurando
no dejar mucha huella.
Cree que, si deja huella, algún día
acabará atándose;
y ella no quiere atarse,
porque atarse es asfixiarse,
perderse y olvidarse.
Y así, enamorarte de ella
es caminar por la cuerda floja,
saltar sin paracaídas y tener
fe ciega en el Amor,
ya que en cualquier momento
puede escaparse y dejarte a ti
con la cuerda al cuello
y un millón de versos que jamás
serán leídos.
Y entonces fingirá que nunca ha arañado
tu Alma con su mirada felina, que nunca
se desabrochó todas las dudas
para rozarte.
No, no te enamores de X,
X algún día se irá,
pero ella antes
que todos los demás.
Y así fue cómo me enamoré de ella.
La Tormenta que se derrama por
su espalda hasta llegar a las
caderas formaba un sinuoso río
en el que quería ahogarme.
El azul de su pelo contrastaba con
la palidez de su serpenteante cuerpo
haciendo que aquello pareciese
un fondo de cielo azul con nubes
esparcidas por él (y por mí).
El rojo de sus labios
que pedían a gritos ser besados,
las ganas procedían
de mis entrañas.
X siempre fue el personaje
del que no debí enamorarme;
y, finalmente, lo que no debes hacer
acaba siendo lo que realizas.


