martes, 24 de marzo de 2015

Nosotros, desde mis pupilas.

Bailando descalzos;
mi más feliz locura
sentir que puedo volar,
la mejor cura.

Nuestros corazones
palpitando al unísono
y el vinilo dando vueltas.

No fuimos destino,
ni Arte o Poesía
porque eso, decíamos,
era ser algo más
que sentimientos a flor de piel,
café aguado
y lluvia perpetua.

Tú y yo realmente
nunca fuimos más
que versos tristes
y melodías inocentes
del que aún no sabe sentir
en cuerpo y alma.

Nos arriesgamos a caer,
girando hasta más no poder
haciendo trampas en
nuestro propio juego.

Al final acabamos a voces
con las cuerdas vocales desgastadas
y los pulmones vacíos,
asfixiados
por la enredadera de recuerdos
que nosotros creamos.

Infierno alzamos
con nuestras letras
y compás,
La melodía más triste
que se haya escrito jamás.

lunes, 16 de marzo de 2015

Popurrí de dolor.

“Ya es hora de decir no te pierdas ni me pierdas.”

Aunque en verdad
ya me he encargado de perderme,
ahogarme,
destrozarme,
yo.
Sin tu ayuda, sin ti;
ni con nadie,
como siempre.
Soledad juega conmigo
escapándose y enredándose
en mis costillas,
haciéndome incapaz 
de librarme de ella.
Allá a donde vaya,
me pierda o huya,
va a seguir ahí.
Vivo
con un constante abrigo
que es la Tristeza,
encargada de arroparme
con más fuerza
cuando la noche llega;
entonces 
los engranajes que tengo por cabeza
comienzan a dar vueltas,
cual autómata
cuyo único objetivo
es oxidarse
(consumirse y olvidarse).

Pausa.

Apaga el cigarrillo,
intenta capturar este instante.
Será imposible,
caerá en el olvido de tu recuerdo
hasta desvanecerse y no ser nada.
Ahora imagina que el cigarro soy yo,
ahora visualiza que soy yo,
ahora te da igual (porque soy yo),
porque yo no te quito la vida,
solo prendo la mecha por dentro
y, un día, al azar, estallo.
Sin arrasar con nada (ni nadie)
más que conmigo.

Pues mi vida es una obra de teatro en la que algún día caerá el telón, pero la actriz principal ya habrá muerto en la primera escena.

sábado, 21 de febrero de 2015

Ojos que acaban en Soledad, Invierno y Recuerdos.

No me quedan metáforas para esos ojos tristes.

Se me acabó el Tiempo para vivir
en el latido de un Corazón en condiciones.

Solo me queda Soledad;
Otoños de hojas suicidas,
365 días de tormentosa Lluvia.

Tengo razones para dejar de soñar, 
pero anclada a mi Mundo del sin-sentido,
el Invierno interno deja menos Recuerdos
en forma de flores escarchadas
entre las costillas.

Vuelve el frío.
Viene a sincronizarse conmigo,
a echarte de menos,
a hacerme caer en el vacío.

Me envuelve en sus brazos de infinita Tristeza y hojas otoñales.
¿Y qué hago yo con tanto fantasma?
A este paso terminaré muriendo,
siendo yo así también uno de ellos.

Tic-tac,
no sé qué hacer con tanto Tiempo,
el que a cada segundo me pesa más
y me arrastra consigo
haciéndome creer que me sobra
cuando solo se agota.
A lo mejor mi Realidad soy yo,
de hoja caduca,
jamás siendo fénix.


Sin-sentido.

Quiero escribir algo que desate todos
y cada uno de mis Demonios.

Quiero ser capaz de mirar a la Soledad
a los ojos y no sentirme débil
e insegura.

Quiero tantas cosas que no soy
capaz de hacer...

Tal vez por ello tenga tanta
rabia dentro y lo pague
todo conmigo.

Me declaro culpable
de no haber abierto los
ojos a tiempo,
de haberme quedado
con los brazos cruzados
y haber derramado
lágrimas, tinta y sangre
por quien no debía.

Me declaro inocente
del oleaje que desataron
aquellos ojos azules en mí
(aunque a lo mejor fue mi culpa
aquello también).

Ojalá yo invencible
a la monotonía o los
cambios bruscos,
y siendo capaz de parar
el Tiempo y saber valorarlo.

Necesito un salvavidas,
y no uno de esos
que acaban siendo ancla;
uno que pueda hacer
que me quiera lo suficiente
como para salir de esta
sin tomar la vía de escape.

(Quiero, necesito y ojalá yo siendo
   feliz.)






jueves, 5 de febrero de 2015

Recaídas.

Entra en mí Tristeza,
con una gran sonrisa,
y juega entre mis costillas,
desgarrándome.

Recaigo en las mismas,
despierta a medianoche
con el único deseo de huir,
fingiendo estación tras estación
que no necesito ayuda,
que yo soy capaz de salir de esta.

¿Cómo voy a ser capaz de salir de mí?

Ya no me desgarra una mirada,
ni versos que sé nunca leerá,
me desgarro yo
cuando dejo entrar a Tristeza
y a Soledad.

Me desangro yo
cuando vuelvo a aferrarme
a una Esperanza inexistente.

Me ahogo yo
cuando escribo
lloviendo y tronando
sobre el papel.

Me consumo.

jueves, 29 de enero de 2015

X.

(Este personaje ha sido creado con la tinta de A (@backtoimagine), y la mía.)


Precaución ante ella y sus ojos que gritan pertenecer a otro lugar.

Precaución.

Parece no pertenecer a este mundo con sus ojos que asimilan cambiar de color a cada nuevo vistazo que les dedicas.

Sí, precaución; su pelo indica que de este mismísimo mundo no es.

Pensarás: ¿Se parece al cielo azul?

Pero no, es como el mar en los días de Tormenta,

el mar cuando parece que llora

o el mismísimo cielo

al apagarse y dejar entrada

a la Noche.

 

Noche, como ella cuando se desliza

por tus pensamientos,

convirtiéndose en el sueño más temido

y la pesadilla más hermosa,

haciéndote creer que algún día será tuya.

 

Pero X nunca tuvo dueño.

 

X pende de un hilo sin colgarse de

las agujas del asfixiante Tiempo que

constituye el mundo.

Pende de una cuerda atada al cielo

y pisa este mundo procurando

no dejar mucha huella.

 

Cree que, si deja huella, algún día

acabará atándose;

y ella no quiere atarse,

porque atarse es asfixiarse,

perderse y olvidarse.

 

Y así, enamorarte de ella

es caminar por la cuerda floja,

saltar sin paracaídas y tener

fe ciega en el Amor,

ya que en cualquier momento

puede escaparse y dejarte a ti

con la cuerda al cuello

y un millón de versos que jamás

serán leídos.

 

Y entonces fingirá que nunca ha arañado

tu Alma con su mirada felina, que nunca

se desabrochó todas las dudas

para rozarte.

 

No, no te enamores de X,

 

X algún día se irá,

pero ella antes

que todos los demás.

 

Y así fue cómo me enamoré de ella.

 

La Tormenta que se derrama por

su espalda hasta llegar a las

caderas formaba un sinuoso río

en el que quería ahogarme.

 

El azul de su pelo contrastaba con

la palidez de su serpenteante cuerpo

haciendo que aquello pareciese

un fondo de cielo azul con nubes

esparcidas por él (y por mí).

 

El rojo de sus labios

que pedían a gritos ser besados,

aunque creo que, más bien,

las ganas procedían

de mis entrañas.


X siempre fue el personaje

del que no debí enamorarme;

y, finalmente, lo que no debes hacer

acaba siendo lo que realizas.

lunes, 3 de noviembre de 2014

La que te enseñó a vivir.

Ella;
La que jugaba al escondite y escondía Sentimientos,
La que sabía cómo cuándo y cuánto daño hacer con un par de palabras,
La que se deslizaba por tus Sueños y saltaba el abismo con paracaídas de Tristeza,
La que te enseñaba su laberinto de ideas si le dabas Tiempo y la que Tiempo te arrebataba sin piedad al dejarte pensando en.

Ella;
La que nunca pensaba en ti, pero tampoco en ella;
La que veía el Amor como Tormenta y la Tormenta como otra maravilla.
La que conseguía captar lo que se te escapaba y escapaba de ti.

Ella;
La que era independiente
pero te hizo creer que,
en algún momento,
dependió
de ti.

Ella;
La que consiguió herirte,
Pero te hizo creer en que lo
importante es.

Vivir.