No sé ya qué decirte,
pues últimamente no digo nada.
Y es que saco la bandera blanca
indicando la derrota en mi propia batalla
cansada de ser yo la que sujeta la pistola
la que aprieta el gatillo
la que ve cómo la bala
va directa a mi arteria aorta
y me deja inconsciente.
Pues ya no palpito,
pienso,
o respiro
como antes.
Ahora me dedico a ver
una y otra vez
cómo me engaño a mí misma
repitiéndome eso
de que ‘todo irá bien’.
Quitándome el polvo y levantándome,
como si pudiera seguir adelante,
como si pudiera ser algo más
que un alma inerte de lluvia perpetua.
Pues mi alma ya está oxidada,
y mi cuerpo solo finge ser alguien
en esta vida de nadie.

