Amanecía y ella, con el cuerpo tiritando de frío y las manos congeladas de ausencia, se disponía a ponerse otra tirita en la nebulosa que tenía por corazón.
Otro día más para la estrella fugaz de manos azules y luz trémula.
Otro día más, que, sin embargo, no era como otro cualquiera.
Aquel día, ella perdió el rumbo de su órbita, y él, astro equilibrado de locura, había dejado el universo de nuestra estrella, siendo él, a pesar de todo, lo efímero de lo fugaz.
Aquel día, ella se sirvió un café, siendo consciente de que la verdadera amargura la había probado en la despedida de sus labios.
Nadie quiso como ella, nadie percibió lo que ella, nadie sintió como ella.
A pesar de ser Caos, fue amante de la vida y su Orden, sintiendo el mismísimo Big Bang cuando le contaba los lunares del cuello.
Incluso tras mil y una noches de Insomnio, deseaba poder concederle un último deseo antes de consumirse. Ella, enamorada de los atardeceres con las pupilas cargadas de anochecer, sentía lo que la Luna sintió por el Sol al contemplar el primer amanecer
martes, 1 de septiembre de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
No sé ya qué decirte,
pues últimamente no digo nada.
Y es que saco la bandera blanca
indicando la derrota en mi propia batalla
cansada de ser yo la que sujeta la pistola
la que aprieta el gatillo
la que ve cómo la bala
va directa a mi arteria aorta
y me deja inconsciente.
Pues ya no palpito,
pienso,
o respiro
como antes.
Ahora me dedico a ver
una y otra vez
cómo me engaño a mí misma
repitiéndome eso
de que ‘todo irá bien’.
Quitándome el polvo y levantándome,
como si pudiera seguir adelante,
como si pudiera ser algo más
que un alma inerte de lluvia perpetua.
Pues mi alma ya está oxidada,
y mi cuerpo solo finge ser alguien
en esta vida de nadie.
jueves, 16 de julio de 2015
Nos atraparon
las luces de los semáforos,
las inquietudes inciertas,
la infinidad de las calles
y el equilibrio de las aceras.
Nos tambaleamos
perdidos en el laberinto
de nuestras caderas.
Me suicidé
en la cornisa de tus labios.
Tú te ahogaste
en el vacío de mis letras.
Me acariciaste las entrañas
y yo te volé los besos,
esos que con tanto ímpetu me dabas
mientras yo escribía nuestra historia
con el pulso
de cien mariposas
desorientadas.
Te desgarré el alma
me desnudé las dudas;
me acariciaste los demonios
feliz ante mis locuras.
Me clavaste las uñas
en los fantasmas
y observaste
cómo sangraba
desastres de vidas pasadas.
Mientras, yo te oxidaba
las pupilas de inocencia marchita,
arrastrándote conmigo
al Infierno
de tu cuerpo sobre el mío.
martes, 16 de junio de 2015
Estaciones.
Invierno asomaba en su mirada,
ventisca instalada en sus entrañas
y pestañas de memorias heladas
podían leerse en su ser.
Otoño atardecía en su pecho,
su corazón al acecho
de los sentimientos de hoja caduca
que recorrían sus venas.
Verano instalado en sus lunares
mostrándose radiante en su piel
tostada de soñados lugares.
Primavera en la tinta de sus tatuajes
que florecían repentinos en su cuerpo;
a simple vista tan hermosos
pero que, al igual que él,
marchitaban al conocerlos.
Ocultaba las cuatro estaciones
jamás vividas por nadie,
pues no soportan
que florezca, viva,
marchite y muera
con tan solo una caricia.
Y así, él nunca dejó ver sus raíces
mucho más profundas
más perennes,
intactas
a los cambios sufridos.
jueves, 11 de junio de 2015
XIII.
Corazón que siente
más allá de los límites,
enamorándose de imposibles.
Pupilas dañadas por el paso de los años,
desgastadas uñas de tristezas pasadas.
Cicatrices reabiertas sin compasión
Caos de mareas muertas,
de óleos sin color
y flores ardientes.
Luna de lobos solitarios
desgaste en clavículas
de penas cargadas
durante mil años
de sin vivir.
Trece días
de alcohol floreciendo
en las venas
de quien asesina
sus penas.
Hielo de amor frío;
distante,
imposible,
causante
del insomnio
más doloroso
y las lágrimas
más ácidas.
Besos amargos
duchas oscuras
recuerdos vívidos
de pura melancolía.
Soga de tinta
ahogaba al poeta.
Musa de sueños
adiós a sus letras.
más allá de los límites,
enamorándose de imposibles.
Pupilas dañadas por el paso de los años,
desgastadas uñas de tristezas pasadas.
Cicatrices reabiertas sin compasión
Caos de mareas muertas,
de óleos sin color
y flores ardientes.
Luna de lobos solitarios
desgaste en clavículas
de penas cargadas
durante mil años
de sin vivir.
Trece días
de alcohol floreciendo
en las venas
de quien asesina
sus penas.
Hielo de amor frío;
distante,
imposible,
causante
del insomnio
más doloroso
y las lágrimas
más ácidas.
Besos amargos
duchas oscuras
recuerdos vívidos
de pura melancolía.
Soga de tinta
ahogaba al poeta.
Musa de sueños
adiós a sus letras.
martes, 24 de marzo de 2015
Nosotros, desde mis pupilas.
Bailando descalzos;
mi más feliz locura
sentir que puedo volar,
la mejor cura.
Nuestros corazones
palpitando al unísono
y el vinilo dando vueltas.
No fuimos destino,
ni Arte o Poesía
porque eso, decíamos,
era ser algo más
que sentimientos a flor de piel,
café aguado
y lluvia perpetua.
Tú y yo realmente
nunca fuimos más
que versos tristes
y melodías inocentes
del que aún no sabe sentir
en cuerpo y alma.
Nos arriesgamos a caer,
girando hasta más no poder
haciendo trampas en
nuestro propio juego.
Al final acabamos a voces
con las cuerdas vocales desgastadas
y los pulmones vacíos,
asfixiados
por la enredadera de recuerdos
que nosotros creamos.
Infierno alzamos
con nuestras letras
y compás,
La melodía más triste
que se haya escrito jamás.
lunes, 16 de marzo de 2015
Popurrí de dolor.
“Ya es hora de decir no te pierdas ni me pierdas.”
Aunque en verdad
ya me he encargado de perderme,
ahogarme,
destrozarme,
yo.
Sin tu ayuda, sin ti;
ni con nadie,
como siempre.
Soledad juega conmigo
escapándose y enredándose
en mis costillas,
haciéndome incapaz
de librarme de ella.
Allá a donde vaya,
me pierda o huya,
va a seguir ahí.
Vivo
con un constante abrigo
que es la Tristeza,
encargada de arroparme
con más fuerza
cuando la noche llega;
entonces
los engranajes que tengo por cabeza
comienzan a dar vueltas,
cual autómata
cuyo único objetivo
es oxidarse
(consumirse y olvidarse).
Pausa.
Apaga el cigarrillo,
intenta capturar este instante.
Será imposible,
caerá en el olvido de tu recuerdo
hasta desvanecerse y no ser nada.
Ahora imagina que el cigarro soy yo,
ahora visualiza que soy yo,
ahora te da igual (porque soy yo),
porque yo no te quito la vida,
solo prendo la mecha por dentro
y, un día, al azar, estallo.
Sin arrasar con nada (ni nadie)
más que conmigo.
Pues mi vida es una obra de teatro en la que algún día caerá el telón, pero la actriz principal ya habrá muerto en la primera escena.
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