domingo, 22 de mayo de 2016

Sin título (ni orden)

Soy el paralelismo constante
del que ve pasar el tiempo
y jamás deja de ser Caos.

Paséate por mi desorden:

Déjalo.

No intentes leerme,
te dije que me acariciases las dudas.

¡Cuidado, que me las desgarras!

Por favor ten presente
que siempre creerás conocerme
(y yo también)
hasta que me asalten los "no puedo"
y se mezclen con los "pero quiero"
y me quede despierta mil noches
intentando encontrar el error
intentando hallar la respuesta
a mi perpetua Tristeza.

Me disfrazaré de Noche
y bailaré con la Muerte.

Te diré que adoro los tulipanes amarillos
pero que amo las rosas rojas
y la ropa tan oscura como mi pasado.

Entonces te abriré las puertas
a la Catarsis que tengo por Corazón,
dándote la bienvenida a un laberinto continuo, cambiante, incesante
de todo lo que escribo,
pienso,
siento,
lloro,
veo.

Me haré chiquitita
y te desharé la cama mil veces
(cuantas veces intentes entenderme).

Por las noches te susurraré
que eres mi metáfora favorita
(y verás que quiero con la fuerza
de trece Tormentas y un Huracán).

Al día siguiente me vestiré de azul
y daré vueltas por la casa
escuchando siempre la misma canción
a piano.

Y lloraré y te darás cuenta
de que lluevo con la fuerza
con la que quiero,

que soy cambiante y no puedo evitar comparar lo que siento
con fenómenos meteorológicos
aunque lo único que tengamos en común
                 sea 
                            e l d e s a s t r e.

miércoles, 27 de abril de 2016

Venus.

Se acerca primavera,
la hierba me cosquillea los pies
y el día es amarillo
como los besos que tú me dabas
aquellos lluviosos días de abril.

Amanece verano,
siendo ahora la arena
la que se me pega a la piel
mientras el sol calienta mis ganas
de que hoy me acaricies tú
y no él.

Se esconde otoño,
cayendo como sus hojas
de despedidas frías
y sabor a caramelos
de aquella infancia que trae consigo
el mes de octubre.

Anochece invierno
y me arrebata el te quiero de tus pálidos labios
que las constelaciones de mi piel

gritan echar de menos.

sábado, 5 de marzo de 2016

Caos emocional.

El silencio arropa mis sentidos,
atrapa mis miedos
y camufla los aullidos
del constante traqueteo
que por pensamientos tengo.

Quiero salir fuera,
correr bajo la lluvia,
empaparme las dudas,
y sentir que no se libra batalla alguna
en el interior de mi ser.

Pero es tarde,
ya me he declarado la guerra,
ya me he dicho «adiós»;
ya he llorado mientras movía un pañuelo
despidiendo al infinito.

Ya he vuelto a casa
para encontrar el otro lado de la cama
vacío.

Y, para olvidarlo todo
(y a la par olvidarme en el proceso)
me he servido una botella
de besos sin dueño.

He bebido hasta la última gota,
intentando recomponer mi vida,
sacudirme el polvo
y darme otra oportunidad.

Pero tengo resaca de emociones,
y la pistola cargada de odio


(parece que hoy toca dispararme a mí.)

jueves, 18 de febrero de 2016

Necesidad.

Creí necesitar a alguien,
que me abrazase las dudas
que me desnudase el Alma
y disfrutase de mis letras.

Creí necesitar a alguien
que me arropase los sueños todas las noches
y me despertase con un beso
susurrando Atardecer.

Creí necesitar a alguien
con quien bailar como si nadie nos mirase
o cantar a pleno pulmón
como si pudiéramos hacerlo bien.

Creo necesitar a alguien
que me haga sentir infinita
que recoja mis pedazos
y con ellos cree Arte.

Creo necesitar querer fuerte,
y a la vez creo
que necesito blandir la espada
y quererme a mí,
y necesitarme a mí
y dejar de gritarme y maltratarme
a mí.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Luna.

Aullé al viento que volviera,
y Luna vino pisando fuerte;
con los labios del color de la sangre,
las medias tan desgarradas como mis ganas,
y unos tacones que le daban fobia al vértigo.

Me miró acompañada por las estrellas,
como mostrándome
que la única solitaria soy yo,
antes de mudarse a mis costillas
haciéndolas escarcha.

Entonces crepitó en mis pulmones
echándole sal al fuego de mis heridas
y me acompañó
hasta en las noches más cálidas,
cuando celebraba las cicatrices escondidas
mientras bebía de la copa
de unos labios ajenos.

Una noche tormentosa
le pedí escuchar una de sus historias,
que me hablara de todos los poetas
cuyo Insomnio hacía de Luna su Musa;

Y ella,
con una sonrisa en los labios,
me contestó que yo
era el comienzo
de su mejor novela:

“La Tristeza del alma soñadora
consumida por sus propios delirios.”

Desde entonces,
Luna dejó de ser cura
para convertirse
en enfermedad,
y lo que una vez yo tanto ansiaba
ahora deseaba perder.

Grité al viento que la odiaba,
y ella correteó por mis vértebras
riéndose de mi locura
mientras me desgarraba los órganos vitales
(y las ganas de vivir).

Me empujó a la cuerda floja,
                                                  y yo,

entre la Oscuridad de los edificios,
hice equilibrismos
con mi desequilibrio emocional
y la más infinita y perpetua Soledad.

Al final, con las arterias congeladas
de Lluvia emocional,
se me cayó el Corazón al abismo
y Luna se satisfizo
de mi debilidad.




martes, 1 de septiembre de 2015

Espacios.

Hace frío de nostalgia,
se me hielan los huesos de ausencia,
mi Corazón sabe al dolor de ti.

Las mariposas de mi estómago
dicen que echan de menos
tus besos taciturnos,
tus 'te quiero' molestos.

Mis costillas aúllan vacío,
la caja torácica no encierra primaveras
de arreglarme el alma mientras esperas
a que deje de sonar el vinilo
de nuestra triste historia.

Mis ojos son ahora mudos,
solo me muestran agujeros negros
de inerte desesperación.

Mi piel tirita de frío,
–es triste pero cierto–
mi ser se congela de Miedo
si mis dedos no recorren tu cuerpo.

               (He intentado olvidar tu ausencia y ha sido como acariciar una rosa llena de espinas.)

Ella, estrella fugaz.

Amanecía y ella, con el cuerpo tiritando de frío y las manos congeladas de ausencia, se disponía a ponerse otra tirita en la nebulosa que tenía por corazón.
  Otro día más para la estrella fugaz de manos azules y luz trémula.
  Otro día más, que, sin embargo, no era como otro cualquiera.
  Aquel día, ella perdió el rumbo de su órbita, y él, astro equilibrado de locura, había dejado el universo de nuestra estrella, siendo él, a pesar de todo, lo efímero de lo fugaz.
  Aquel día, ella se sirvió un café, siendo consciente de que la verdadera amargura la había probado en la despedida de sus labios.
  Nadie quiso como ella, nadie percibió lo que ella, nadie sintió como ella.
  A pesar de ser Caos, fue amante de la vida y su Orden, sintiendo el mismísimo Big Bang cuando le contaba los lunares del cuello.
  Incluso tras mil y una noches de Insomnio, deseaba poder concederle un último deseo antes de consumirse. Ella, enamorada de los atardeceres con las pupilas cargadas de anochecer, sentía lo que la Luna sintió por el Sol al contemplar el primer amanecer