Puedo sentir
el veneno de las emociones
goteándome en el pecho
La Soledad
como ácido sulfúrico
tan corrosiva
como el recuerdo de unas manos
que una vez
me acariciaron las entrañas.
Puedo escuchar los pensamientos
crepitando en mi mente
gritándome que al final del túnel
solo seremos flores muertas
y versos en descomposición.
Puedo palpitar todas las lágrimas
que jamás pude llorarte
y contar con un marcapasos
todas las despedidas
que me abrieron en su día
a carne viva
quemándome siempre
en el adiós.
Me he dado cuenta
de que como no te quieras tú
no te va a querer nadie.
(Más que nada porque ahora
querer a los demás es secundario
y la empatía está
en peligro
de e x t i n c i ó n .)
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