viernes, 11 de agosto de 2017

Despersonalización

Me miro en el espejo
pero no soy yo.

Esa que llora
no comparte cuerpo
conmigo.

Me devuelve la mirada
y en sus pupilas solo encuentro
el otro lado del precipicio;
el vacío al que salta
cada vez que cierra los ojos.

Puedo sentir cómo fluye
la rabia
por sus pulsaciones.

Puedo compartir cómo
le come por dentro
y saborear el miedo
que oxida sus costillas.

Florecen en su caja torácica
todas las voces
de aquello que de pequeña
decían guardaba
bajo la cama.

Brotan,
hablan más alto;

y gritan

y se quejan

y forman parte de mí

y somos una
y rompo el espejo
y me miro los nudillos
y encuentro la mirada de un iris

que me devuelve

el grito de guerra
tras el cristal;

y parpadea

y sus lágrimas saben a la sal
que yo bebo cada noche.


y mis costillas se pudren
al mismo ritmo que las suyas
y compartimos las mismas

                                                 j o d i d a s 
            p u l s a c i o n e s


y sus voces rugen en mi cabeza

y el vacío lo tengo yo tatuado

en cada una de mis vértebras.


Abro los ojos;
y yo soy ella,
y ella
soy yo.


Abro los ojos
y sangramos
la misma herida.

Pero si somos dos
dígame cómo
la cicatriz
solo me escuece
a mí.

                                 

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