Me miro en el espejo
pero no soy yo.
Esa que llora
no comparte cuerpo
conmigo.
Me devuelve la mirada
y en sus pupilas solo encuentro
el otro lado del precipicio;
el vacío al que salta
cada vez que cierra los ojos.
Puedo sentir cómo fluye
la rabia
por sus pulsaciones.
Puedo compartir cómo
le come por dentro
y saborear el miedo
que oxida sus costillas.
Florecen en su caja torácica
todas las voces
de aquello que de pequeña
decían guardaba
bajo la cama.
Brotan,
hablan más alto;
y gritan
y se quejan
y forman parte de mí
y somos una
y rompo el espejo
y me miro los nudillos
y encuentro la mirada de un iris
que me devuelve
el grito de guerra
tras el cristal;
y parpadea
y sus lágrimas saben a la sal
que yo bebo cada noche.
y mis costillas se pudren
al mismo ritmo que las suyas
y compartimos las mismas
j o d i d a s
p u l s a c i o n e s
y sus voces rugen en mi cabeza
y el vacío lo tengo yo tatuado
en cada una de mis vértebras.
Abro los ojos;
y yo soy ella,
y ella
soy yo.
Abro los ojos
y sangramos
la misma herida.
Pero si somos dos
dígame cómo
la cicatriz
solo me escuece
a mí.
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