viernes, 11 de agosto de 2017

Después de la Tormenta; Desierto



Le he pegado un trago
a mi Tristeza
y sabe
más amarga
e infinita
que antes.

Dicen
que es adictiva
y que por mucho que vomite
ya vive en mi sangre
palpitando al mismo ritmo
que la rabia que me consume.

Aunque ya no padezco
los mismos síntomas:

las noches
donde la cama era Tormenta
y mis sábanas
goteaban lágrimas
envenenadas
de Soledad

ahora se manifiestan
en el desierto
de mi almohada
donde ya no nacen sauces
alimentados por mi llorera.

En cambio viven serpientes
y escorpiones
que me susurran al oído
que el mal en el mundo
se cura con mi despedida.

(Y no beben de mi sangre
porque vivo
contaminada
de todas las emociones
relacionadas
con la toxicidad humana.)

Entonces
me duermo
cantando la nana
de mi derrota
y sueño
todas las cosas horribles
que una vez viví despierta.

Abro los ojos
y vuestro mundo real
es mi realidad alternativa.

En mi mundo
me grito en la cara
todas las cosas
que nunca me dije.

En mi mundo
el bloqueo emocional
no existe
entre tanta autodestrucción.

En mi mundo
las rosas son de plástico
y yo me alimento
de sus espinas.

Abro los ojos
y tu mundo
me da el jarabe
de la rutina
y una hostia

de buenos días.

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