viernes, 18 de agosto de 2017

En Cárcel Viva

Una vez mi alma vivió expuesta
a todos los males del mundo
mostrándose en carne viva
(y jamás he conseguido ser
tan indestructible
como entonces).

Entonces en mi cabeza
comenzaron a sonar números
y solo pude soñar con cintas métricas
y básculas que medían
la fuerza con la que la Tierra
atrae a mi cuerpo
pero nunca indican
todo el peso
que llevo encima.
Pasé a ser el eco
de otras voces
y mis sonrisas de terciopelo rosa
metamorfosearon
para ser lágrimas oscuras
en noches donde soñar
era pura ciencia ficción ante mis ojos.
Ahora os observo
atrincherada
desde una caja de madera
encerrada entre las sempiternas paredes
que componen el pentágono
de mi dolor.

Donde ya no me muerdo la lengua;
solo la mastico
y saboreo entre los dientes
las palabras
que se oxidan entre mis muelas.
Donde agarro mis rodillas
y me mezo
para apaciguar la claustrofobia
causada
por vivir en mi ser.

Donde ya no grito
pues mis cuerdas vocales
pertenecen a la orquesta
de mis delirios.

Donde pasé a ser silencio
a convivir con la niña desconocida
que creció amamantada por la ruina
de su propia historia.

Donde pinto claveles
con toda la sangre
que derramé
muerta en vida.

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