miércoles, 24 de septiembre de 2014

Amor con Miedo significa echarle un imposible.

Poeta de millones de letras,
miles de Sueños y un Huracán,
un Desastre.

Musa de millones de versos que a su Corazón no afectaban,
Corazón que creían tener miles de Poetas mientras le rompían alguna de sus millones de medias.

Y ella, aferrada a un solo Miedo.

El Amor.

Algo que te atrapa antes de que el tac del tic termine de sonar en un reloj.

Un Sentimiento tan feroz y voraz que devora hasta el último latido.

¿Cómo no iba a temer a la incertidumbre de tan poderoso Sentimiento?

Tremendo oleaje el que se formaba cuando sus miradas se entrelazaban en algo que, para él, era único.

Tremendos los imposibles de aquel chico que cada medianoche se abría en canal con sus propias palabras.

Tremendo su único Desastre.

Y ella con un par de infinitos que jamás serían cumplidos en folios con distinta letra.

Estruendosa Tormenta de Realidad le cayó a nuestro Poeta.

El mismísimo Infierno se alzó para presenciar tal batalla interna.

Él. Tinta en vena.

Miles de Sueños y un Deseo.

Su Miedo.

Ella.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Un lluvioso día de Abril, un niño correteaba con el paraguas azul que con frecuencia comparaban con su mirada.

Pero tras ojos de inocente apariencia y felicidad fingida, se hallaba una historia más triste.

Una historia tan tormentosa como el mes de Diciembre.

Años después, las fotografías le mostraban una felicidad vacía, y en la oscuridad de su habitación solo contemplaba Soledad y Tristeza.

¿Cuándo dejaron de valerle los zapatos?

¿En qué momento se abrieron las heridas?

Por mucho que se cosiera las penas alguien lograba abrirle en canal, coger su Corazón y maltratarlo como si no hubiera un mañana.

Por muchas tiritas y parches los fantasmas siempre seguirían ahí para recordarle que Vida no es más que una escala de blancos y negros.

Contemplaba cómo partían aviones, trenes, autobuses, y pensaba en todos esos planes de huida que se quedaron en.

Lluvia.

martes, 2 de septiembre de 2014

No fue mala suerte; fue, y ya.

El violinista no deja de componernos.
Taciturnos, como dos gatos negros en una noche fría
donde el Amor nos
consume.
Las notas se cuelan
por la ventana y,
tras trece noches,
el salero de las palabras
nos calló
el beso.
Fue el mejor final:
Armonía desafinada
de aullidos tras la
medianoche.
Bailábamos bajo la lluvia,
rompiendo espejos que
no nos mostraban
Corazones.
Versábamos en el susurro del abismo y saltamos sin paracaídas.
Jamás culparemos a la mala suerte por muy estrepitosa que fuera la caída.
Jugábamos con las sombras
correteando bajo unas escaleras
mientras la música flotaba
en un ambiente de
Amor, Caos
y deseo.
Nos guardamos el secretismo
indescifrable hasta para
la clave de Sol.
Y yo recordaré tus ojos;
nebulosas amarillas,
agujeros negros de dulce autodestrucción.
image

Días efímeros a tu lado que acabaron en un suspiro.

Amanecí en tus besos;
en el latido constante
de tu Amor.
Atardecí en los recuerdos;
esos tan bonitos,
tan efímeros.
Los mismos en los que atardecieron otras muchas.
Anochecí en el ‘adiós’ de la vida,
en ese Infierno de idas y venidas.
La Luna se alzó cuando los cuervos anunciaban la Muerte, aunque ella no supo cómo hizo acto de presencia la Tormenta constante.
Yo envidiaba las estrellas, tan distantes, por arrebatarme la luz del tenerte.
Tú dijiste echar de menos la forma en la que sabía leerte.
Fue tarde.
Se nos escapó el Sol en un tren sin billete de vuelta.
No había más amanecer.

Querido A.

Querido A,
Hace mucho que no te escribo, ahora te he cambiado el nombre porque este me parece más apropiado.
No sé quién eres, pero sé que me lees y entiendes.
Moriría por un abrazo tuyo, una sonrisa o tan solo conocerte.
Noto que mi vida se me ha ido de las manos y no soporto el pensar que no tengo nada bajo control.
Cada día me despierto en la misma pesadilla, todo a mi alrededor parece ir a una velocidad vertiginosa mientras que yo estoy estancada en la misma Tristeza.
Intento sacudirme las inseguridades y dejar de pensar en los problemas.
Sinceramente, no funciona.
Si alguna vez funcionó, tampoco lo recuerdo.
El caso es que te escribo para pedirte que por favor hagas acto de presencia en mi vida, o que al menos me mandes fuerzas suficientes como para dejar de sentirme así.
La Soledad vuelve a quemarme por dentro.
Debo admitir que durante unos días eran tantísimos los sentimientos y tan poco el Tiempo, que no sentía nada.
¿Fue esa mi muerte?
¿Es este mi turno de resurgir de mis cenizas?
La verdad es que no creo que pueda.
Me asusta el tener la incertidumbre de si debería acabar con todo o salir de esta, porque me hace caer en la cuenta de que todo se me escapa.
Quiero la segunda opción, sin embargo pienso que es inalcanzable para mí (y aun así sigo intentándolo).
Pero no puedo.
¿Debería recurrir a la primera opción?
Necesito que resuelvas mis dudas, yo sola soy incapaz de hallar la respuesta.
Si estás pensando que debería pedir ayuda, lo estoy haciendo, te la pido a ti.
Pedírsela a otra persona es inútil (ilusa fui al intentar pedirla, un grito al vacío hubiera sido menos doloroso).
Intento no pensar, pero ese es uno de mis imposibles.
Me gustaría ser capaz de sentir las cuatro estaciones y no solo el Invierno.
Ansío poder decir que me despierto con ganas sin terminar de completar la frase en mi mente con un “pero con ganas de.”
Deseo poder quitarme la Soledad que me consume, teniendo yo en mis manos la opción de elegir mis pequeños ratos para estar sola, porque hay alguien que me espera con los brazos abiertos.
No estoy bien, pero puedes pensar que soy una egoísta al pedir ayuda porque hay gente que está peor que yo.
¿Te hará a ti también sentir mejor?
Da igual, a lo mejor ni existes. Llámame pesimista desde donde estés, yo prefiero pensar que así no me decepcionarán los resultados.
Bah, ni siquiera importó, ni importa, ni importo.
Al fin y al cabo se me querrá cuando no esté y aun así no significaré nada.
(Nunca lo he hecho.)

Batallas de una Soledad constante.

Contemplaba el atardecer de distintos tonos de azul y amarillo y solo pudo ver sus ojos.
Le pudo ver una última vez.
Se resguardó en su propio Mundo porque la Realidad era demasiado destructiva.
Buscaba a alguien que la despertara, anunciando que la vida por el momento solo había sido una pesadilla.
Una horrible y terrible pesadilla.
Pensaba que cada vez que una promesa moría una estrella también lo hacía.
Y que la Luna se reía y se sentía orgullosa de estar sola, indestructible.
Creía en los fantasmas, pero solo en los que ella llevaba a rastras.
Lloraba en la tremenda Soledad que le proporcionaba su habitación.
Echaba de menos el Cielo de sus sábanas, tan lejanas, y alzaba el Infierno cuando el otro lado de la cama se encontraba frío y vacío sin su presencia.
Escuchaba, anhelaba y callaba.
Observaba, sin decir nada.
Bueno, sí,  gritaba.
En la Oscuridad de la noche, cuando el Invierno interno se hacía cada vez más grande en el pecho, gritaba al papel que no quería vivir, no así.
Luchaba en una batalla interna en la que la victoria era inalcanzable.

El texto caótico de la niña Caos

Los relojes marcan
la huida del
Tiempo.

La pequeña niña,
indefensa,
pues han roto sus
paredes.

Los muros infranqueables
que había construido alrededor
de su Corazón
se han hecho añicos tras sus
ojos.

La mente sigue
bloqueada,
repleta de
Tristeza.

Su Mundo,
pequeño Universo de Caos,
ha sido
derrumbado.

Ilusa fue ella al pensar
que tras la
Tormenta vendría
calma.

Cierto era que,
tras todas las personas que consiguieron visitar
el Bosque que tenía por
Alma, solo había conseguido Invierno más helador,
aumentando una infinita
Tristeza guardada bajo llave
en su pecho.

Sus Demonios,
lobos hambrientos
en plena caza nocturna
que siempre vuelven
puntuales al lugar del
crimen.

Ella solo soñaba con una mirada que le hiciera temblar.

Ahora temblaba, pero de miedo.