Querido A,
Hace mucho que no te escribo, ahora te he cambiado el nombre porque este me parece más apropiado.
No sé quién eres, pero sé que me lees y entiendes.
Moriría por un abrazo tuyo, una sonrisa o tan solo conocerte.
Noto que mi vida se me ha ido de las manos y no soporto el pensar que no tengo nada bajo control.
Cada día me despierto en la misma pesadilla, todo a mi alrededor parece ir a una velocidad vertiginosa mientras que yo estoy estancada en la misma Tristeza.
Intento sacudirme las inseguridades y dejar de pensar en los problemas.
Sinceramente, no funciona.
Si alguna vez funcionó, tampoco lo recuerdo.
El caso es que te escribo para pedirte que por favor hagas acto de presencia en mi vida, o que al menos me mandes fuerzas suficientes como para dejar de sentirme así.
La Soledad vuelve a quemarme por dentro.
Debo admitir que durante unos días eran tantísimos los sentimientos y tan poco el Tiempo, que no sentía nada.
¿Fue esa mi muerte?
¿Es este mi turno de resurgir de mis cenizas?
La verdad es que no creo que pueda.
Me asusta el tener la incertidumbre de si debería acabar con todo o salir de esta, porque me hace caer en la cuenta de que todo se me escapa.
Quiero la segunda opción, sin embargo pienso que es inalcanzable para mí (y aun así sigo intentándolo).
Pero no puedo.
¿Debería recurrir a la primera opción?
Necesito que resuelvas mis dudas, yo sola soy incapaz de hallar la respuesta.
Si estás pensando que debería pedir ayuda, lo estoy haciendo, te la pido a ti.
Pedírsela a otra persona es inútil (ilusa fui al intentar pedirla, un grito al vacío hubiera sido menos doloroso).
Intento no pensar, pero ese es uno de mis imposibles.
Me gustaría ser capaz de sentir las cuatro estaciones y no solo el Invierno.
Ansío poder decir que me despierto con ganas sin terminar de completar la frase en mi mente con un “pero con ganas de.”
Deseo poder quitarme la Soledad que me consume, teniendo yo en mis manos la opción de elegir mis pequeños ratos para estar sola, porque hay alguien que me espera con los brazos abiertos.
No estoy bien, pero puedes pensar que soy una egoísta al pedir ayuda porque hay gente que está peor que yo.
¿Te hará a ti también sentir mejor?
Da igual, a lo mejor ni existes. Llámame pesimista desde donde estés, yo prefiero pensar que así no me decepcionarán los resultados.
Bah, ni siquiera importó, ni importa, ni importo.
Al fin y al cabo se me querrá cuando no esté y aun así no significaré nada.
(Nunca lo he hecho.)