Creí necesitar a alguien,
que me abrazase las dudas
que me desnudase el Alma
y disfrutase de mis letras.
Creí necesitar a alguien
que me arropase los sueños todas las noches
y me despertase con un beso
susurrando Atardecer.
Creí necesitar a alguien
con quien bailar como si nadie nos mirase
o cantar a pleno pulmón
como si pudiéramos hacerlo bien.
Creo necesitar a alguien
que me haga sentir infinita
que recoja mis pedazos
y con ellos cree Arte.
Creo necesitar querer fuerte,
y a la vez creo
que necesito blandir la espada
y quererme a mí,
y necesitarme a mí
y dejar de gritarme y maltratarme
a mí.
jueves, 18 de febrero de 2016
domingo, 13 de septiembre de 2015
Luna.
Aullé al viento que volviera,
y Luna vino pisando fuerte;
con los labios del color de la sangre,
las medias tan desgarradas como mis ganas,
y unos tacones que le daban fobia al vértigo.
Me miró acompañada por las estrellas,
como mostrándome
que la única solitaria soy yo,
antes de mudarse a mis costillas
haciéndolas escarcha.
Entonces crepitó en mis pulmones
echándole sal al fuego de mis heridas
y me acompañó
hasta en las noches más cálidas,
cuando celebraba las cicatrices escondidas
mientras bebía de la copa
de unos labios ajenos.
Una noche tormentosa
le pedí escuchar una de sus historias,
que me hablara de todos los poetas
cuyo Insomnio hacía de Luna su Musa;
Y ella,
con una sonrisa en los labios,
me contestó que yo
era el comienzo
de su mejor novela:
“La Tristeza del alma soñadora
consumida por sus propios delirios.”
Desde entonces,
Luna dejó de ser cura
para convertirse
en enfermedad,
y lo que una vez yo tanto ansiaba
ahora deseaba perder.
Grité al viento que la odiaba,
y ella correteó por mis vértebras
riéndose de mi locura
mientras me desgarraba los órganos vitales
(y las ganas de vivir).
Me empujó a la cuerda floja,
y yo,
entre la Oscuridad de los edificios,
hice equilibrismos
con mi desequilibrio emocional
y la más infinita y perpetua Soledad.
Al final, con las arterias congeladas
de Lluvia emocional,
se me cayó el Corazón al abismo
y Luna se satisfizo
de mi debilidad.
martes, 1 de septiembre de 2015
Espacios.
Hace frío de nostalgia,
se me hielan los huesos de ausencia,
mi Corazón sabe al dolor de ti.
Las mariposas de mi estómago
dicen que echan de menos
tus besos taciturnos,
tus 'te quiero' molestos.
Mis costillas aúllan vacío,
la caja torácica no encierra primaveras
de arreglarme el alma mientras esperas
a que deje de sonar el vinilo
de nuestra triste historia.
Mis ojos son ahora mudos,
solo me muestran agujeros negros
de inerte desesperación.
Mi piel tirita de frío,
–es triste pero cierto–
mi ser se congela de Miedo
si mis dedos no recorren tu cuerpo.
(He intentado olvidar tu ausencia y ha sido como acariciar una rosa llena de espinas.)
se me hielan los huesos de ausencia,
mi Corazón sabe al dolor de ti.
Las mariposas de mi estómago
dicen que echan de menos
tus besos taciturnos,
tus 'te quiero' molestos.
Mis costillas aúllan vacío,
la caja torácica no encierra primaveras
de arreglarme el alma mientras esperas
a que deje de sonar el vinilo
de nuestra triste historia.
Mis ojos son ahora mudos,
solo me muestran agujeros negros
de inerte desesperación.
Mi piel tirita de frío,
–es triste pero cierto–
mi ser se congela de Miedo
si mis dedos no recorren tu cuerpo.
(He intentado olvidar tu ausencia y ha sido como acariciar una rosa llena de espinas.)
Ella, estrella fugaz.
Amanecía y ella, con el cuerpo tiritando de frío y las manos congeladas de ausencia, se disponía a ponerse otra tirita en la nebulosa que tenía por corazón.
Otro día más para la estrella fugaz de manos azules y luz trémula.
Otro día más, que, sin embargo, no era como otro cualquiera.
Aquel día, ella perdió el rumbo de su órbita, y él, astro equilibrado de locura, había dejado el universo de nuestra estrella, siendo él, a pesar de todo, lo efímero de lo fugaz.
Aquel día, ella se sirvió un café, siendo consciente de que la verdadera amargura la había probado en la despedida de sus labios.
Nadie quiso como ella, nadie percibió lo que ella, nadie sintió como ella.
A pesar de ser Caos, fue amante de la vida y su Orden, sintiendo el mismísimo Big Bang cuando le contaba los lunares del cuello.
Incluso tras mil y una noches de Insomnio, deseaba poder concederle un último deseo antes de consumirse. Ella, enamorada de los atardeceres con las pupilas cargadas de anochecer, sentía lo que la Luna sintió por el Sol al contemplar el primer amanecer
Otro día más para la estrella fugaz de manos azules y luz trémula.
Otro día más, que, sin embargo, no era como otro cualquiera.
Aquel día, ella perdió el rumbo de su órbita, y él, astro equilibrado de locura, había dejado el universo de nuestra estrella, siendo él, a pesar de todo, lo efímero de lo fugaz.
Aquel día, ella se sirvió un café, siendo consciente de que la verdadera amargura la había probado en la despedida de sus labios.
Nadie quiso como ella, nadie percibió lo que ella, nadie sintió como ella.
A pesar de ser Caos, fue amante de la vida y su Orden, sintiendo el mismísimo Big Bang cuando le contaba los lunares del cuello.
Incluso tras mil y una noches de Insomnio, deseaba poder concederle un último deseo antes de consumirse. Ella, enamorada de los atardeceres con las pupilas cargadas de anochecer, sentía lo que la Luna sintió por el Sol al contemplar el primer amanecer
lunes, 27 de julio de 2015
No sé ya qué decirte,
pues últimamente no digo nada.
Y es que saco la bandera blanca
indicando la derrota en mi propia batalla
cansada de ser yo la que sujeta la pistola
la que aprieta el gatillo
la que ve cómo la bala
va directa a mi arteria aorta
y me deja inconsciente.
Pues ya no palpito,
pienso,
o respiro
como antes.
Ahora me dedico a ver
una y otra vez
cómo me engaño a mí misma
repitiéndome eso
de que ‘todo irá bien’.
Quitándome el polvo y levantándome,
como si pudiera seguir adelante,
como si pudiera ser algo más
que un alma inerte de lluvia perpetua.
Pues mi alma ya está oxidada,
y mi cuerpo solo finge ser alguien
en esta vida de nadie.
jueves, 16 de julio de 2015
Nos atraparon
las luces de los semáforos,
las inquietudes inciertas,
la infinidad de las calles
y el equilibrio de las aceras.
Nos tambaleamos
perdidos en el laberinto
de nuestras caderas.
Me suicidé
en la cornisa de tus labios.
Tú te ahogaste
en el vacío de mis letras.
Me acariciaste las entrañas
y yo te volé los besos,
esos que con tanto ímpetu me dabas
mientras yo escribía nuestra historia
con el pulso
de cien mariposas
desorientadas.
Te desgarré el alma
me desnudé las dudas;
me acariciaste los demonios
feliz ante mis locuras.
Me clavaste las uñas
en los fantasmas
y observaste
cómo sangraba
desastres de vidas pasadas.
Mientras, yo te oxidaba
las pupilas de inocencia marchita,
arrastrándote conmigo
al Infierno
de tu cuerpo sobre el mío.
martes, 16 de junio de 2015
Estaciones.
Invierno asomaba en su mirada,
ventisca instalada en sus entrañas
y pestañas de memorias heladas
podían leerse en su ser.
Otoño atardecía en su pecho,
su corazón al acecho
de los sentimientos de hoja caduca
que recorrían sus venas.
Verano instalado en sus lunares
mostrándose radiante en su piel
tostada de soñados lugares.
Primavera en la tinta de sus tatuajes
que florecían repentinos en su cuerpo;
a simple vista tan hermosos
pero que, al igual que él,
marchitaban al conocerlos.
Ocultaba las cuatro estaciones
jamás vividas por nadie,
pues no soportan
que florezca, viva,
marchite y muera
con tan solo una caricia.
Y así, él nunca dejó ver sus raíces
mucho más profundas
más perennes,
intactas
a los cambios sufridos.
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