Triste se escribe más bonito.
Por eso aprovechaba los días que te ibas y te dedicaba mil versos.
A veces la Tristeza me empieza a consumir por tu partida y, tras cerrar los ojos, escribo todo lo que diría si te viera en ese instante.
Escribo todo lo que callé los días que sí conseguía disfrutar de tu compañía.
Otras veces te extraño tanto que escribo con las lágrimas corriendo por mis mejillas y los Sentimientos a flor de piel.
Esas últimas las considero veces de autodestrucción, solo por el hecho de que te escribo con tantísimo ímpetu que a veces siento que salieras del papel y me abrazaras, pero abro los ojos y veo que me equivocaba.
Ahí es donde aparece una vez más la frustración del no tenerte, del no escribirte con tanta pasión desde que te fuiste por última vez (sin despedirte).
Lo último que recuerdo fue que abriste mi caja de Pandora, liberando todos mis males. Pero, cuando te marchaste por última vez, no sé cómo lograste volver a guardarlos otra vez dentro de mi ser.
Y ahí siguen, esperando a que otro “él” la abra, o a que otro alguien me salve.
No hay comentarios:
Publicar un comentario